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¿Son los ERTE la solución o sólo el primer paso del impacto en el deporte de la crisis sanitaria? La industria diseña hipótesis sobre los futuros escenarios en un contexto de fuerte incertidumbre y crisis a nivel global. La duración de la crisis sanitaria abre muchas incógnitas.

Ajustes salariales, ERTEs, contención de gastos, revisión de presupuestos, renegociación de contratos audiovisuales... El deporte está parado, pero no la actividad dentro de los clubes de fútbol, que agotan sus jornadas de reunión en reunión afinando hipótesis sobre futuros escenarios ante una crisis mundial de muy incierta duración. ¿Acabarán las temporadas? Si no lo hacen, ¿cómo se decidirán los campeones? ¿Habrá Champions? ¿Aguantarán los presupuestos esta incertidumbre? ¿Cómo afecta un ERTE a la duración del contrato del jugador con su club? ¿Podría un contrato suspendido extinguirse unilateralmente mediante el abono de la cláusula de rescisión?

No hay respuestas, pero sí continuas consultas a abogados por parte de toda la industria deportiva para analizar opciones. "Esta situación sin precedentes está planteando grandes desafíos en el sector, cuyas consecuencias legales se traducen en la adopción de medidas excepcionales entre las que se encuentran reformas normativas excepcionales en atención a las circunstancias coyunturales" por el Covid-19, apuntan Patricia Galán y Alfredo Garzón, de Senn Ferrero Asociados Sports & Entertainment.

«Son numerosas las medidas que se están llevando a cabo en la industria deportiva», agregan. Entre las dirigidas a garantizar la viabilidad económica y financiera de los clubs de fútbol, apuntan que los ajustes son, por un lado, la renegociación de contratos -empleados, alquiler de instalaciones, TV, patrocinio...-y, por otro, «la activación de campañas de marketing, impulso de competiciones de eSports o potenciación de venta de merchandising online». «Adicionalmente, resulta preciso añadir las medidas que se están barajando en cuanto a la flexibilización del control económico y financiero», concluyen.

Endeudamiento

En ese sentido, Alberto Palomar, socio del área de Derecho Público de Broseta, señala que «el paso siguiente a la reducción de costes es, probablemente, el endeudamiento», una mala noticia tras el fuerte esfuerzo en este ámbito del fútbol profesional. La línea de saneamiento financiero «puede quebrarse». «Habrá que determinar si se hace con criterio y lógica común -como hasta ahora- o cada uno por donde pueda», agrega Palomar, que avisa de que «esta situación acabará poniendo en riesgo la solvencia y la consistencia del sistema en general». Y si «a eso se le une una previsible reducción de los ingresos por publicidad y televisión, el panorama se presenta como especialmente complejo».

Por el momento, Palomar estima que la industria del deporte debe evaluar primero los costes de la pérdida de ingresos que se ha producido «y determinar si su alcance es meramente temporal o tiene un carácter estructural que se va proyectar en el tiempo». En el primer caso, las soluciones serían del mismo calibre. Pero «si tiene una proyección temporal superior obligará a una reconsideración mucho más profunda que afecta al producto y a lo que se puede abonar por el mismo», apunta el socio de Broseta en un contexto en el que la industria «está soportada las televisiones y por la publicidad y ambos sectores, que se retroalimentan, tendrán previsible problemas para mantenerse en los mismos niveles que en la actualidad».

A partir de ahí las soluciones pasan hoy por medidas de alcance temporal, donde se engloban los ERTEs. Pero «si se mantiene la deflación del sector, obligará a una reducción de costes más amplia», lo que en términos laborales podríamos considerar pasar del ERTE al ERE). Todo ello sin olvidar que «una de las características del deporte es que la plantilla laboral (no su coste, claro está) está delimitada y es obligatoria frente al mundo laboral común en el que la plantilla es una de las decisiones de los empresarios».

Duración

Javier Torres, director de KPMG Sports, también recuerda que la «duración de las medidas o la implementación de otras dependerá de la duración de la pandemia». «El impacto variará de manera significativa en función de lo pronto que se reanuden las competiciones y si contarán o no con espectadores». Tras los ERTEs. «no es descartable otro tipo de medidas a medio o largo plazo» en la industria deportiva.

Por eso, Torres entiende que la preocupación irá «en ascenso o en descenso en la medida que la situación actual se prolongue o no en el tiempo». Y será así a nivel español, europeo y mundial. En el primero, «la potencial finalización anticipada de competiciones como LaLiga reduciría sustancialmente el ingreso por derechos televisivos y de manera directa el dinero en el mundo del deporte español en general, una vez aprobado el Real Decreto que repartía parte de este dinero en otros deportes minoritarios». En el ámbito europeo, el impacto vendrá sobre todo de la mano del aplazamiento a 2021 de la Eurocopa. Y, a nivel mundial, KPMG confirma que «el impacto más significativo» es el retraso en la celebración de los JJOO de Tokio, que llegó tras las suspensiones en la NBA, el Mundial de F1, el circuito ATP de Tenis o el Mundial de Motociclismo, entre otras competiciones.

En cualquiera de estos niveles, los efectos económicos del Covid-19 habrá que medirlos en tres tipos principales, según recuerda el director de KPMG Sports. «El directo, que afecta a clubs, federaciones, competiciones, promotores, compañías de TV y patrocinio y deportistas individuales, que ven alterada su actividad de negocio, sin poder cumplir contratos, sin ingresos por venta de entradas y/o patrocionios; el impacto indirecto a empresas suministradoras de servicios (gestión, instalaciones, fabricantes, firmas deportivas, alimentación, seguridad) y el impacto indirecto de negocios contiguos que se ven ligados a la celebración de estos eventos deportivos (como restauración, hoteles, transportes, turismo u ocio)».

Escenarios de futuro

Así las cosas, ¿qué se puede esperar del futuro? El escenario al que se enfrenta el sector del deporte profesional será «muy delicado y de una profunda crisis económica y social, cuyo alcance a la presente fecha es incierto», avisan Patricia Galán y Alfredo Garzón, de Senn Ferrero Asociados Sports & Entertainment. Sólo a corto plazo se enfrenta a cuestiones como «la implementación de medidas de control económico y financiero más fuertes que afectarán a los salarios y al importe de las transferencias de jugadores, pasando por la revisión de los ingresos para evitar la dependencia de los derechos televisivos o del ticketing». También deberán desarrollarse «estrategias de comercialización, explotación y gestión de los derechos audiovisuales más selectivas» dado el alto número de competiciones deportivas que deberán disputarse en 2021 y 2002. «Las plataformas OTT que ya venían teniendo peso serán seguramente más importantes todavía», auguran Galán y Garzón.

Alberto Palomar, por su parte, señala que el futuro de la industria pasa por la «necesidad de adaptación en todos los ámbitos: desde su visibilidad -ya que es previsible que no se nos permitan concentraciones de personas en los estadios- hasta la reducción de ingresos, de costes y de reconversión del sector», advierte el socio de Broseta. «El problema fundamental es que esto debe hacerse en el marco de un mercado común europeo y mundial en el que la crisis no ha operado con la misma intensidad lo que genera que, adicionalmente, se plantee un problema de combatividad y pérdida de talento que incremente el problema de base», apostilla.

En KPMG Sports hablan de un posible «efecto rotura de la burbuja» en el mundo del deporte en general, y específicamente, en el fútbol. ¿El resultado? «Una bajada significativa en las cantidades que últimamente se estaban pagando en concepto de traspasos y fichajes», avisa Javier Torres, director del área. «Se podría producir un 'estancamiento' en la espiral al alza en la que estaba metido el mundo del fútbol y verse sometido a un proceso de racionalización económica». Y dentro de ese proceso, «se verán equipos que han sabido gestionar las épocas de bonanza financiera para establecer una estructura sólida y quienes no han sido cautos».

Pero siempre queda una llamada al optimismo pues, pese a todo esto, «el mundo del deporte en general es una industria con una fuerte demanda por lo que podría ser uno de los sectores que antes saliera de esta época de crisis», concluye Torres.

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